“No book worth its salt is meant to put you to sleep, it's meant to make you jump out of your bed in your underwear and run and beat the author's brains out.” ― Bohumil Hrabal

domingo, 1 de noviembre de 2015

Non fui, fui, non sum, non curo



La mujer de papel

Rabih Alameddine

Lumen 2012

 

Los libros en sí mismos casi nunca son aburridos, excepto las memorias de los presidentes de Estados Unidos (no, no, Nixon); o mejor dicho, las memorias de los estadounidenses en general. Es el síndrome “Vivo en el país más rico del mundo, pero compadeceos de mí porque de joven tenía los pies planos y una vagina maloliente, pero al final he triunfado”. ¡Puaj!

Libros en cajas, cajas de papel, de hojas traducidas sueltas. Eso es mi vida.

Hace ya mucho que me abandoné a una lujuria ciega por la palabra escrita. La literatura es mi caja de arena. En ella juego, construyo mis fuertes y castillos, me lo paso en grande. Lo que me da problemas es el mundo que hay fuera de ese parque. Me he adaptado dócilmente, aunque no de manera convencional, a ese mundo visible para poder retirarme sin muchos inconvenientes a mi mundo de libros. Para continuar con la metáfora, si la literatura es mi cajón de arena, el mundo real es mi reloj de arena, un reloj que se vacía grano a grano. La literatura me da vida, y la vida me mata.

Bueno, la vida nos mata a todos.

            Una mañana de diciembre Aaliyah Sobhi de 72 años y residente en Beirut lee incorrectamente la etiqueta del champú y se tiñe el pelo de azul. El incidente lleva a Aaliya a rememorar su pasado y reflexionar sobre el presente. Así empieza la novela del libanés Rabih Alameddine, en la cual el autor hilvana la historia de una vida en Beirut, una ciudad donde se vive a pesar de la guerra o la paz.  Y nos obsequia con una lectura a la que denominar exquisita es quedarse muy corto.

            La historia es simple y extraordinaria a la vez. Aaliya, quien ha trabajado toda su vida en una librería, ahora jubilada, dedica su tiempo a traducir novelas al árabe. Cada 1 de enero elige el libro a cuya traducción va a dedicar los próximos 12 meses. El año pasado fue Austerlitz de W.G. Sebald; ahora está sopesando encarar el reto de 2666 de Roberto Bolaño. Lo va a traducir de francés e inglés, comparando las dos versiones. Cuando termine, no enviará su trabajo a una editorial sino que lo guardará en una caja en la habitación del servicio de su piso, al lado de otras 37 novelas ya traducidas.

            Aaliya vive sola. A los 2 años de edad quedó huérfana de padre. Su madre, una analfabeta codiciosa, siempre prefirió los hijos varones de  su segundo matrimonio. La casaron cuando tenía 16 años. Su marido, un impotente creído, se divorció de ella poco después con una sola frase: Mujer, ahora estás divorciada. Entonces se interesaron por ella sus hermanastros – querían el apartamento que le había dejado el marido. Sigue viviendo allí, evitando a sus vecinas las brujas, todas ellas viudas, que cada mañana toman el café juntas.

            No obstante, Aaliya no se siente sola. Vive rodeada de autores, vivos y muertos, con quienes comparte sus pensamientos, quienes le prestan sus ojos para ver el mundo y con cuyas palabras, sabiduría y sentido común cuenta para enfrentarse a la realidad que le ha tocado vivir. Sin embargo, la literatura no representa para la protagonista una vía de redención. De hecho, ni siquiera pretende, con su ayuda, poder comprender el mundo que la rodea- le parece un reto demasiado ambicioso. Lo único que quiere es poner un poco de orden en su vida en un lugar tan imprevisible como Beirut:   

 Mis libros me muestran cómo es la vida en un país serio donde le das a un interruptor y está garantizado que la bombilla se encenderá y seguirá encendida, donde sabes que los coches se detendrán en los semáforos en rojo y donde los semáforos no dejan de funcionar un par de veces al día. ¿Qué se siente cuando el fontanero se presenta a la hora acordada, o al menos se presenta? ¿Qué se siente cuando sabes que si alguien dice que hará una cosa tal día, la hará?

Son muchos los autores que pueblan las páginas de la novela de Rabih Alameddine: los clásicos árabes al-Tifashi o al-Tijani, Chéjov, Tolstoy, Dostoievski, Coetzee, Conrad, Hemingway, Kafka, Javier Marías, Nabokov, Pessoa, etc, etc. Varias veces aparecen algunos de mis autores preferidos: Bruno Schulz, William Faulkner, Milan Kundera, Czeslaw Milosz. Siento como propias las palabras de Aaliya sobre Nuestro hogar es Auschwitz de Tadeusz Borowski:

No podía leer “Nuestro hogar es Auschwitz”, de Borowski, sin agarrarme al borde de mi escritorio en el trabajo, como si tuviera rigor mortis.

La mujer de papel es también un poema al descubrimiento de la música a la que Aaliya llega a través de sus lecturas. Le gustó la pegatina amarrilla de Deutsche Grammophon, así que, haciendo uso de sus exiguos fondos, empezó a comprar LPs con música clásica de esta compañía. De esta manera descubrió por ejemplo a Chopin en la interpretación de Ivo Pogorelich – ese mismo chico vestido con camisas à la Byron, aun con pelo, cuya eliminación del Concurso Internacional de Piano en Varsovia hizo que Martha Argerich estallara en furia y abandonase el jurado causando tanto escándalo  que llegó incluso a mis oídos de niña de muy corta edad.

            La literatura y la música transforman los días anodinos de Aaliya pero no son el único tema tratado en la novela. Más bien son el pretexto para hablarnos de las pocas personas que han estado o han querido entrar en su vida. Conocemos a Ahmad, un joven refugiado palestino quien venía a su librería para poder leer y quien, después del Septiembre Negro (1970) se convirtió en torturador; y a Hannah, la mejor amiga de Aaliya, cuyo destino es para mí el paradigma de lo injusta que era la vida con las mujeres - y lo sigue siendo en varias partes del mundo. Beirut, la Elizabeth Taylor de las ciudades: loca, hermosa, hortera, ruinosa, envejecida y siempre cargada de dramatismo, es también uno de los protagonistas de la novela. El declive físico de Aaliya representa una alegoría de la decadencia de la ciudad que ostentaba el título de París del Medio Oriente, pero hoy es una ruina a causa de las guerras que sacuden la región un año sí y otro también. Aaliya no viviría aislada del mundo si Beirut fuera diferente. Su personaje es la personificación de la energía que bulle en esa ciudad herida de muerte. Conserva la cordura traduciendo libros que luego esconde del mundo – así están seguros. Están invisibles como ella. Hasta que un día ocurre algo que amenaza su sobrevivencia y hace que la vida de Aaliya dé un vuelco…

            Creo que Aaliya puede parecer un personaje trágico si repetimos en pos de un clásico que la soledad es la madre de la desesperación. Sin embargo, la mujer no está realmente sola- la acompañan sus libros. Parece que Rabih Alameddine ha creado el ser más marginal de los tiempos, una intelectual musulmana soltera y sin hijos, para que hable de sus pensamientos, para que recite las palabras más hermosas jamás escritas a su mejor público – a sí misma. No os perdáis la oportunidad de conocerla.

23 comentarios:

  1. Esta vez no me pillas... quiero decir que el libro lo conocía y en la lista está. Al menos no incrementas ni la lista ni mi angustia por tanto pendiente de leer.

    ¿Sabes? pienso que lo extraordinario está muchas veces en lo simple. Que no sabemos mirar lo simple y extraerle la belleza. Por eso me gusta que nos cuentes que esta historia es simple y extraordinaria a la vez. Libros y música... buena compañia. Segura, al menos.

    Un abrazo

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  2. Lo bello casi siempre es simple. Esta novela lo es, sin duda. Una de las mejores que he leído este año. Dale una oportunidad! Un abrazo

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  3. Que magnífica reseña!!! Parece una novela absolutamente entrañable y exótica. Creo que no he leído casi nada de autores de estos países. Sin duda me pierdo todo un mundo. Es tan pequeña mi cultura literaria. Ojala tuviese más tiempo, algún día quizás.

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    1. Pues entonces deberías leer algo diferente a lo que sueles leer, ¿no? No es difícil encontrar libros, sobre todo del mundo árabe, publicados en castellano.

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  4. Me sobra el refugiado convertido a torturador. No sé si lo de Aliya no será demasiada desgracia junta, me sorprende que la gente así no se asfixie. Pero está claro que tú has encontrado algo en ella interesante. Habrá que arriesgarse a tener que apuntar más libros a la lista, cosa que me suele pasar cuando leo libros sobre libros.
    Un beso

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    1. A mí me pareció todo bastante natural, dado lo que pasa en Líbano desde hace más de 40 años. He leído bastantes novelas del mundo musulmán y creo que algunas protagonistas considerarían la situación de Aaliya un paraíso terrenal. Está sola, ese es el problema- no tiene familia, como se supone que debe tener una mujer musulmana. Es otra manera de ver el mundo, otro sistema de valores indudablemente incompatible con el nuestro, pero así son las cosas. La novela es muy buena y creo que te gustaría mucho.
      besos

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  5. Lo tengo ya entre mis pendientes así que me alegra haber leído tu reseña. Le tengo ganas hace tiempo pero siempre acababa relegándola.
    Un beso!

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    1. Seguro que te gustará. Es una novela realmente buena.
      besos

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  6. ¡Hola!
    No me importaría leerla, porque pinta fantástico.
    Buenísima reseña.
    ¡Nos leemos! :)

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    1. Muchas gracias. Dale una oportunidad a la novela, vale la pena. Es distinta y muy interesante.
      besos

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  7. Hola Agniezka. Me gustó mucho tu entrada. Casi diría que me conmovió. Una mujer viuda, sola, ya con el peso de los años en una de las ciudades más inestables del mundo. Además con toda la nostalgia de lo que fue Beirut, y no volverá a ser (o ella nunca lo verá). Como dice Norah, el combo perfecto para caer en la desesperación. Y se refugia en la traducción, ese arte mayor tan poco reconocido. Traducir (no soy traductor, pero he intentado varias veces con artículos de lo mío) me parece algo extremadamente difícil. Por la polisemia de las palabras, por las múltiples opciones y posibilidades de una frase (todas ellas adecuadas en algún sentido, todas aportando su matiz para una comprensión más rica). Y tener que optar por sólo una de ellas es, como alguien dijo, una traición.
    Por eso cuando tú mencionas que esta mujer se refugia en los libros no sólo para leerlos sino para traducirlos, me tocó una fibra. Todos los lectores somos traductores, eso está claro. Pero de una forma implícita, casi inconciente. Me hizo pensar que esta mujer está haciendo por esos libros algo muy grande. Que se está relacionando con ellos de una forma mucho más profunda que el mero leerlos. Incluso está dejando un legado para su cultura árabe, para los de su pueblo, a veces tan distantes del pensamieno occidental, tal vez por no haber tenido libros traducidos.
    Por eso se me dio por pensar que su motivación para vivir, para sobrevivir año a año, venga de esa fuerza.

    Muchas gracias por traérnoslo

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    1. Estoy totalmente de acuerdo contigo. El trabajo del traductor es muy poco reconocido y muy difícil. Muchas personas que nunca han estudiado un idioma o tienen conocimientos muy básicos de uno de los más populares opinan que se puede traducir palabra por palabra. No se dan cuenta de las complejidades de un idioma que refleja, como ninguna otra cosa, la idiosincrasia de la gente que lo habla, de que hay varias maneras de decir lo mismo. En el caso de Aaliya se trata de las traducciones a través de otros idiomas- como habla francés e inglés, traduce al árabe desde las traducciones a esos idiomas. Al igual que ella creo que así se pierde mucho, o que se puede perder mucho, pero es lo que hay en Beirut. Aaliya reflexiona sobre su trabajo, habla por ejemplo de las traducciones de Tolstoy al inglés hechas por Constance Garnett quien, aparentemente, se permitió varias licencias lingüísticas. Si te interesa la traducción, seguramente te parecerán unas reflexiones muy interesantes.
      saludos

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  8. Interesantísimo libro y muy original, esperaba algo diferente. La verdad es que me atrae también el tema de la traducción y además los libros que traduce, verdaderos retos aparte de la reflexión final, una soledad forzada aunque con el consuelo de los libros

    PS encontré el de Nir Bar'am.

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    1. Dale una oportunidad. Seguro que lo disfrutarás. Es una novela metaliteraria pero muy distinta a lo que se encuentra normalmente con esta denominación - es una novela muy culta, por decirlo de alguna manera.
      Ya me contarás qué te parece Baram.
      saludos

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  9. Pintaza que tiene este libro! Ya le tenía echado el ojo así que será cuestión de hacerle un hueco.
    Besos y preciosa reseña, por cierto.

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  10. Me gustó mucho este libro: Aaliya es un personaje interesantísimo, con muchas cosas que contar y unas reflexiones tan certeras que es imposible no identificarte con ella. No sé, recuerdo esta lectura con mucho cariño y no dudo en recomendarla siempre que puedo, por eso me alegra tanto leer reseñas sobre un libro que me temo ha pasado algo desapercibido aunque no lo merece. 1beso!

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  11. Que pintaza. Me encantan tus recomendaciones. Yo no lo conocía y me lo llevo más que anotado. Me gusta lo que cuentas.

    Besos

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  12. Me llama mucho. Portada, título y reseña invitan a la lectura. A mi lista que va. Un beso.

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  13. El libro ya lo había visto y me había llamado la atención, pero si no me equivoco la tuya es la primera reseña que leo de él, así que gracias por ello. Para una amante de los libros parece imposible no querer conocer a Aaliya, pero me da que este libro tiene otras muchas más cosas por las que debe ser leído.
    Besos!!

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  14. Me gustó mucho este libro, los libros con libros por medio suelen ser un reclamo pero la historia de Aaliya y las obras que cita son de lo más interesante. Una gran recomendación.
    Besos

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  15. No vivo en Beirut y no cuento con 72 años -aún- pero, por lo demás, la protagonista y yo tenemos muchas cosas en común. No ha arribado a esta ciudad; sólo está disponible 'El contador de historias' del mismo autor. Apuntado queda.
    Ah! Sí recuerdo el cabreo de la Tigresa Argerich con lo de Pogorelich -qué pianista!-.
    Un beso, Agnieszka.

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  16. No lo conocía y tiene muy buena pinta. Me lo apunto que quiero conocer a Aaliya.
    Un beso.

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  17. Hola Agnieszka gracias por la recomendación para el reto de Mónica, lo he leído y me ha gustado mucho, una novela muy interesante y una protagonista bien particular.

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